Una semanita después
Bueno, aquí estamos una semanita después de la controvertida entrada.
La verdad es que me he quedado un poco sorprendido por la cantidad de gente que ha leído los desvaríos mentales con los que suelo castigar al personal. Pero la sorpresa ha sido mucho mayor cuando me he puesto a leer los comentarios que habéis regalado y me he dado cuenta de que son cerca de cincuenta. Gracias a todos y a todas por tomaros la molestia, no sólo de leerme, sino de contestarme.
Me he cuidado muy mucho de contestar a vuestros comentarios, dado que no tenía pensado que esto suscitase tanto revuelo, y desde luego tampoco que se entrase a debatir sobre el tema. Y algunas veces me ha costado mucho contener la mano para no escribir.
Cuando escribí esa entrada sabía que podía servirme para tres cosas:
La primera y más importante de todas, que habría justificado ella sola el escribirla, la de desahogarme, la de sacar de mi interior una serie de cosas que me estaban haciendo daño. En este sentido el éxito ha sido rotundo.
La segunda razón es la de mandar un mensaje a todos, chicos y chicas, el mensaje de que estaba mal, y de que una de las razones por las que lo estaba era por mi forma de ser. Ese malestar lo he focalizado de la manera en la que lo he hecho porque de las muchas cosas que me gustaría cambiar de mi persona, la que me martirizaba en ese momento y me arañaba el corazón con sus afiladas garras (lo sigue haciendo) era la de no ser lo bastante válido como hombre para gustar a las chicas, para que las chicas me encontrasen atractivo. Si a eso le unimos que las chicas a las que más quiero, es decir, mis amigas, me dicen lo contrario, pero ellas mismas, por las razones que sean, no están dispuestas a compartir eso conmigo, tenemos una buena mezcla mental, prolífica para que se produzcan cosas como mi entrada. La explicación que en ese momento se me vino a la mente (una de las muchas que hay) era la que aparece en ella. La segunda razón también ha tenido un éxito rotundo.
Un inciso: Soy consciente de que mi entrada es simplista y pueril en algunos aspectos. Sabed que lo es consciente y premeditadamente, y que ha sido así porque el autor en ese momento era lo que necesitaba. No trataba de escribir un tratado sobre las relaciones humanas, sino de rugir lo que en ese momento era mi verdad. Creo que un blog es precisamente el sitio ideal para hacer eso. No os parece? ;) Todo esto me lleva a explicar la tercera razón para escribir lo que escribí:
La tercera razón era ver quién era capaz de ver y de leer entre líneas, quien me comprendía. Este punto ha sido interesante, porque me he dado cuenta de que hay personas que han dicho que estaban de acuerdo conmigo, pero que estoy seguro de que no me han comprendido en absoluto, y personas que sí que lo han hecho, pero que no estaban de acuerdo con lo que expongo en ella. Y por supuesto tambi&aeacute;n gente que estaba en el medio. Es decir, la tercera razón ha tenido un éxito incluso superior a las otras dos.
En cualquier caso, la interpretación que se puede hacer de un texto escrito por un fanático (yo en aquel momento lo era, en el sentido en el que para mí no cabía la posibilidad de que existiese una realidad distinta de la mía) por regla general es extremista y tiende mucho a ser tremendamente subjetiva. Muchas personas que sienten afinidad por la idea que se quiere transmitir (o la que ellos interpretan que es la que se quiere transmitir) se sienten bastante tentados de aceptar lo que se dice sin pararse a pensar realmente en ello, sin bucear. Y muchas personas contrarias a esa idea, ni siquiera echarán un vistazo a ver si por ahí debajo late algo más. Ambos cometen el mismo error. Afortundamente hay un tercer tipo de persona, que, siendo ecuánime y manteniendo la cabeza fría, lee el texto intentando averiguar lo que realmente quiere decir. Por cierto, me encanta que haya tantos miembros de este último perfil entre los que me leen :).
Sé que si hubiese sido más frío a la hora de ponerme a escribir a lo mejor las razones segunda y tercera habrían tenido aun más éxito. Pero se habría perdido la primera y más importante.
Rugir es mi prerrogativa, mi derecho, tan alto y tantas veces como quiera. Pero lo que os agradezco infinitamente es vuestra comprensión, vuestra intención de ayudarme (que a veces hace daño, pero creo que no se puede hacer nada para evitarlo ;), y vuestros intentos de hacer que me sienta mejor. Escribir esa entrada ha sido de las cosas más terapéuticas que he hecho nunca, no sólo por haberme desahogado, sino por lo que he ido descubriendo junto a vosotros según han ido pasando los días. Gracias chic@s.
viernes, febrero 20, 2004
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